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ALFONSO GARCÍA-VILLALBA MARTÍNEZ
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Resumen de premios - Otoño de 2009
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VIRGINIA
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*VIRGINIA*
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APENAS cinco meses que has nacido levantas tu cabeza y te mueves alegre como carrizo al viento —en equilibrios— con el ímpetu mágico de los ojos que ven en un grano de arena el universo.
Mis manos te sostienen y te suben al cielo para verte reír —mientras me miras— en un instante eterno, diminuta y perpleja vigía de esperanza que adviertes por encima de mis hombros de gigante y extraño conmovido el sueño que proyecta nuestra sombra, el límite expandido de mi tiempo:
Señales de vida es el primer poemario de Juan Antonio González Romano. Con formas de la tradición popular como la soleá o la seguidilla el poeta conforma un poemario lleno de pensamientos, sentencias, juegos y emociones en torno a la vida, el amor y la muerte. Un libro, efectivamente, que con formas populares aborda temas trascendentales de manera sencilla y profunda. Se consigue así un efecto de clamor flamenco ante la fugacidad de la vida, pasando por estas composiciones tópicos clásicos continuamente referidos a los tres temas universales (amor, vida, muerte) como el carpe diem o el cotidie morimur.
El autor nos advierte en el poema liminar “Diálogo del autor con Antonio Machado” sobre el peligro de afanarse en la lenta perfección frente a la rapidez que exige el poco tiempo que tenemos. Se trata de una actitud vital, epicúrea, de consumir, saborear, exprimir los días de la mejor manera que se confirmará en las siguientes composiciones como la mejor forma de enfrentarse a la muerte, tema que me parece el más importante de los tres, donde se percibe estoica y dignamente, la mirada hacia lo fatal.
La primera parte, “De cadencias” comienza con un poema que confirma estas palabras introductorias:
Esta noche nos amamos
ajenos a nuestra suerte,
sin pensar en el mañana…
mañana será otra muerte.
Mención aparte merece el sonetillo “(Homenaje a Manuel Machado)”, un guiño intertextual con el famoso sonetillo “Verano” de don Manuel.
Continúa la siguiente parte “Sguidillas” en el mismo tono luminoso y corpóreo que el sonetillo.
En la parte titulada “Seguidillas (casi) intrascendentes”y en la última “Soleares”, el poeta continúa el juego intertextual con otros autores como Catulo, Berceo, Manuel Machado, Guillén o Neruda que permite una distancia justa para ironizar, desenfadarse con la vida a través de la poesía.
Estas últimas soleares son las que más me interesan por su intensidad contenida. Hay muchas que podríamos seleccionar, pero os dejaré con la que me parece que resume el quehacer del poeta o del filósofo que hay en cada ser humano:
Vivir: caminar a oscuras.
Porque al fin y al cabo el hombre
solo es dueño de sus dudas.
Se agradece estas Señales de vida en el panorama poético actual por atreverse a manifestar el espíritu popular en versos que condensan la profundidad individual del poeta. No en vano son su testimonio, sus Señales de vida.
Aunque no suelo presentar mis poemas aquí, hoy haré la primera excepción para compartir con vosotros este poema que acabo de terminar. Quizás porque aún tenga fresca la lectura de Señales de vida, de Juan Antonio González Romano donde entre otras bondades se homenajea a Manuel Machado en la forma y en el fondo de los propios poemas. Gracias, pues, a Juan Antonio por contribuir a esta inspiración:
TIRANO
(A todos los desaprensivos responsables, con Manuel Machado)
Los poemas de Pisadas sobre el lienzo, de Isabel de Rueda, son realmente huellas sobre el papel escritas donde la poeta deja constancia de un mundo íntimo profundo bajo una forma amena y ligera donde fluye la reflexión sentimental o donde un sentimiento motiva la reflexión. En este tránsito está presente el alma como puente, una suerte de metafísica que cohesiona la visión del mundo exterior con el interior. De la misma manera, si el alma busca, la palabra encuentra. Esto podría ser la declaración de intenciones que anuncia el primer poema del libro “Ninguna prisa”.
En “La niña” asistimos a un verdadero prodigio, a la magia de la poesía que me hace recordar a una de las poetas más interesantes que he leído, me refiero a Wisława Szymborska. En él, la memoria, el desdoblamiento, la otredad en el tiempo se manifiesta a través del poder poético.
Como ya he mencionado, la aparente sencillez, la difícil sencillez de algunos poemas nos remite de alguna manera a la sensación que deja ciertos haikus japoneses. Me refiero, por ejemplo, a la importancia de la naturaleza, a la serenidad que transmite y que es análoga a la persona amada. Esto ocurre en el poema “Estanque”.
En “A veces un poema” queda ya claro que la base de este libro se encuentra en la metáfora de la escritura. Todo él es un lienzo, una hoja blanca pisada por las palabras impresas, negro sobre blanco, pisadas en la nieve, testimonio también de un camino sentimental, sensorial, vital.
Busca estos poemas lo esencial, la desnudez, denuncia las convenciones que evitan ser uno mismo o la injusticia del mundo, el extrañamiento de ese mundo cuando se está inmerso en el amor. Baste leer los dos últimos poemas de la “Primera pasada”: “Convenciones” y “Esperando”.
En la “Segunda pasada” volvemos a las correspondencias naturales (“Otra vez”, “Luna, árbol, sol”). El amor mantiene aquí un mayor grado de erotismo, de corporeidad (“Aquí me tienes”) o trasciende a lo mítico o cosmogónico (“Por el amor salvado”, “Yo quería”, “Abrazados”).
El tema de la muerte es tratado con dulzura y aceptación positiva en “Cuando lloro”. A partir de entonces los sucesivos poemas mantienen esa sombra (“No la toques”, “Suicidio”) y junto a ella algunos símbolos, como el ángel, el loco, el disfraz o la máscara se confabulan ante la quietud de la contemplación (“Quietud”).
Por último, llegamos a la última, “Tercera pasada”, formada por seis poemas que sintetizan como un paseo cíclico todo el libro. Así, en el último poema “Lienzo y pisadas” se convierte en una verdadera ecuación de esta formulación poética, pues toda poesía responde a una formulación, sin duda. Por eso, lo expongo a continuación junto a otro poema que me ha gustado especialmente, el poema “Espacio”, perteneciente a la segunda parte. Disfruten de esta poesía de Isabel de Rueda.
LIENZO Y PISADAS Hay un llanto de río y una flor de papel entre la oscura soledad de sus ojos. Hay un cielo Y unas alas que fluyen melodiosas. Hay una luz Porque nunca la noche permanece y un circuito de voces hay en el afluente discurriendo. Hay dolor y tristeza en los colores de esta extraña paleta y una flor y un verbo de caricias.
…Hay un lienzo y pisadas
ESPACIO
Cuánto espacio ocupa la llave de una idea, la silueta perfecta de un grano de arroz, la isla que envuelve nuestros pasos. Cuánto espacio ocupa la palabra amor, cuando laten todas las sílabas y tiemblas…
Mácula lútea, de Fernando Sánchez Mayo, consigue transmitir una mirada existencialista ante la visión del mundo. Ese existencialismo trascendental que penetra en el lector a través de los ojos del poeta suele tener un mecanismo lingüístico bien definido a través del ritmo, la constante sonora de sus versos. Así, la pretensión del poeta se transmite desde el mismo título, un tecnicismo médico, mácula lutea, del latín ‘mancha amarilla’, utilizada para designar la zona de la retina especializada en la visión fina de los detalles, nos sirve entre otras cosas para poder leer y distinguir las caras de las personas, nos confiere la agudeza visual.
Otros títulos se me viene a la cabeza La realidad invisible, de Juan Ramón, Estudio de lo visible, de Mariano Peyrou o Vista cansada, de Luis García Montero, por poner algunos ejemplos de libros donde están presente la idea de ver, saber ver la extraña realidad con los ojos de las palabras. En el caso de Fernando Sánchez Mayo esto se convierte en un deseo explícito y en una invitación o un reto, como anuncia algún poema como “Date cuenta”. Por otra parte, hay una constatación del miedo a no ser uno mismo a través de la palabra. Se trata de toda una lucha contra la oscuridad, contra el olvido y lo inefable. Hasta aquí la primera parte “Los poemas del miedo”.
En la segunda parte “Poemas de la adversidad”, el miedo se convierte en tristeza, melancolía, adversidad del tiempo.
Por último, “Los poemas de la almohada”, más breves son también los más sugestivos. Aquí el sueño, las galerías internas del subconsciente tienen un papel principal. Son probablemente los que mejor consiguen ver aquello que pocos alcanzan. Me quedo con este titulado “El caracol”. Disfrútenlo:
Acaba de publicarse Lo que ha quedado del naranjo. Palestina en el corazón, título proviene de los versos del poeta palestino Mayid Abu Gush que han sido traducidos como:
¡Luna que triste se asoma
sobre lo que ha quedado del naranjo!
Se trata de un proyecto realizado por una de las voces más modernas de nuestra poesía actual, Jesús Aguado, que ha recogido en este volumen especial de la colección Puerta del Mar el testimonio de poetas, escritores y artistas que han sido emplazados a dar su visión del problema palestino a través de su expresión artística.
Yo he podido hacerlo con un poema que es también un homenaje al poeta Mahmud Darwish y a todo su pueblo por extensión, y por extensión a todos los pueblos que sufren. Ha sido una experiencia muy interesante como creador participar en este volumen ya no sólo por la causa que justifica el arte, sino por ver cómo otros tantos poetas han tocado las mismas raíces que sustentó mi texto. Dentro de
la tierra estaba un dios inexistente, un dolor de ortigas, un vacío imposible, un grito callado,... Un honor saber que me une la diferencia de autores como Máyid Abu Gush (2 poemas), Anas Alaili, Carlos Piera, Jorge Riechmann, Jesús Munárriz, Rosa Romojaro, Álvaro Salvador, Vicente Molina Foix, Agustín García Calvo, Francisco Fortuny, David Leo García, Pablo Aranda, José Ángel Cilleruelo, Julia Otxoa, Eva Lootz, Isabel Escudero y otros. Gracias a todos y a Jesús Aguado por este trabajo.
Recientemente, Andrés Neuman ha reunido en un volumen su poesía escrita desde 1997 a 2007, bajo el título de Década. Efectivamente, diez años de hermosa actividad creadora de una joven promesa muy cumplida. Para mí además tiene este libro una implicación personal, ya que me retrotrae a la primera reseña crítica que realicé para la magnífica revista granadina Hélice, dirigida por Luis Muñoz. Se trataba del primer libro de Andrés, Métodos del a noche (Hiperión, 1998), premio Antonio Carvajal. Recuerdo sus palabras tras leer mi artículo “Distancias”: se nota que lo has escrito desde la cocina misma, desde los fogones del libro. Eso me dijo aquel muchacho de veintipocos años que empezaba ya a brillar en la república de las letras. Más tarde también pude participar con él en el libro-homenaje que reúne la obra de Javier Egea, Contra la soledad (DVD, 2002). Le sugerí a Andrés escribir un soneto. Los dos lo hicimos. Precisamente, es el primer poema que me encuentro ahora al abrir azarosamente el libro por una página cualquiera, el titulado “Óscar Romero, 5”, el nombre de la calle donde vivió Javier Egea. Qué coincidencia. Magnífico homenaje, sin duda, al autor de los sonetos del diente de oro. Recojo aquí el poema de Javier Egea, publicado en la revista Hélice, 3, 1994 sobre el que se basó Andrés para dicho homenaje. Y a continuación el poema de Andrés.
A Andrea Villarrubia y Juan Mata
Alguien huye desnudo por los fríos pasillos de un hotel sin estrellas. Hermosa, junto a él, una desanillada serpiente cascabel muestra la baba roja que brilla en sus colmillos.
A la 301 llama con los nudillos secos. Del ventanuco alzado en el dintel llegan ecos de ondas de radios de babel y una neblina densa de dulces cigarrillos.
Vuelve a llamar. Se inquieta. Un ebrio taconeo anuncia la sorpresa de una rubia platino que ahora muerde los labios del huésped importuno.
Alguien bífido lame la llama del deseo. Alguien firma en el libro: Simbad el Asesino. Alguien que no esperan en las 301.
Javier Egea, Hélice, 3, 1994.
(ÓSCAR ROMERO, 5)
Alguien ocupa el hueco de la fría compuerta y se empaña de luz. Una sombra mediana mira sin ojos, mientras la escalera se afana en su espiral sin rumbo, una serpiente incierta.
Afilado el dibujo de su quijada yerta te sonríe, vestido como le da la gana; la visión de una perra con calcetines grana te recuerda que todo es memoria desierta.
Hondo en la madrugada errarás el camino: no te puedes marchar, él insiste, te obliga a quedarte en la casa donde vive el destino,
compañera escopeta, escopeta enemiga, recomienda silencio, recomienda más vino. Y él llenando la copa por continuar la intriga.